Creo que padezco el síndrome "Necesito un jefe".  Os cuento cómo he llegado a esta conclusión.

Como ya dije, como estoy en el paro he decidido plantearme el profesionalizar algunos proyectos que tengo en mente.  Evidentemente me propuse un plan para tener un objetivo y evitar despistarme.  Hoy, después de ponerme al día con mis cosas de Internet (¡Ya sólo voy con una semana de retraso! ¡Yuju!) me he puesto a fregar para cambiar de aires (ventajas de trabajar en casa) y mientras repasaba mentalmente lo que tengo pendiente de hacer, me he dado cuenta de que tengo demasiados frentes abiertos, lo que se traduce en que no termino de concentrarme en ninguno con lo que el fracaso es bastante probable.

He pensado un poco sobre esto, y sé que me cuesta organizarme porque casi siempre he delegado esta responsabilidad a otros.  Siempre he tenido un "jefe", alguien "por encima de mi" que era el encargado de decirme qué hacer en cada momento.  Este fue, también, uno de los fallos que tuve en mi anterior intentona de trabajar de forma independiente, que no terminaba de asumir que soy mi propio jefe y que no hay nadie más decidiendo qué hacer.  Pero la cuestión no es sólo esa, sino que encima tengo pendiente un presupuesto para otras personas que tengo sólo a medias y si quiero sacarle un rendimiento hay que terminarlo.

Sirva esta entrada como exorcismo y contrato.  Ahora os dejo, que tengo el presupuesto pendiente.

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En Diciembre del año pasado la empresa donde trabajo cerró, así que he decidido cambiar el rumbo e intentar un proyecto al que hace tiempo llevo dando vueltas.  Esto significa que este sitio web va a cambiar mucho.  Así que si tienes RSS es posible que aparezcan cosas raras en el futuro.

Todavía estoy dándole vueltas a cómo voy a utilizar el dominio así que todavía tardaré varias semanas, quizá algún mes.  Aun así, os mantendré informados.

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Aunque hace un tiempo ya lo dije y luego no lo hice, en parte por apoyar la página del trabajo, ahora va de veras.  En cuanto publique esto voy a entrar en Facebook, a poner una despedida con enlace a este artículo (por si alguien llega a leerlo) y me pondré a borrar información y a cancelar la cuenta.  El último cambio sólo ha sido la escusa para acelerar una muerte anunciada, porque:

  • Cada vez tiene más aplicaciones y tonteridas, y encima cada vez es más complicado de manejar.
  • Sigo igual de enterado de las cosas que antes de tenerlo (es decir, nada).
  • En definitiva, me hace perder tiempo sin aportar mucho.
  • Al final iba a cancelar la cuenta, en cuanto hubiera terminado varios cambios en esta
  • webería.
  • Lo de la discreción, manejo de datos personales y demás es de risa.
  • En cuanto alguien estornuda, me envía un correo.
  • Aun con todo, me cae mejor la simpleza de Gates en Piratas de Silicon Valley que el caradurismo de Zuckerberg en La Red Social.

Pero no va a ser la única.  La cuenta de Google la sigo manteniendo por el cliente de correo, el lector RSS y el marcador de enlaces, pero en cuanto tenga sustitutos, y estoy en ello, esa también caerá.  Twitter también es candidata a la eutanasia.  La única que parece que se va a librar por ahora es Mientidad, pero que tampoco se confíe.

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No he olvidado que tengo pendiente terminar el juego cuyo prototipo envié al 1st PGD Challenge. La semana pasada le hice varios cambios, pero antes de continuar quiero concretar una cosa.

Uno de los jueces del concurso comentó que mi prototipo le parecía interesante pero que tiene el problema más grave que puede tener cualquier juego, y es que al cabo de un rato se hace monótono. La razón en mi caso es que, como el único arma que tiene el jugador es una espada y sólo hay dos tipos de enemigo muy similares, los ataques consisten en acercarse al enemigo y pulsar 'T' repetidamente hasta que uno de los dos cae al suelo y vuelta a repetir la rutina con el siguiente enemigo hasta que no queda ninguno. La mejor (o tal vez la única) forma de de eliminar la monotonía es añadiendo variedad, y eso haré con dos cosas que ya tenía más o menos pensadas cuando empecé a programarlo.

Por un lado, entregar al jugador dos armas más: un arco con flechas y una provisión de botellitas con pociones mágicas. Estas nuevas armas serán a distancia, evidentemente, siendo las flechas de mayor alcance pero las botellitas serán más potentes. Además ni las flechas ni las pociones serán infinitas, aunque se podrán reponer ya que habrá provisiones por el terreno.

Por otro lado, los enemigos tendrán cualidades nuevas que les otorgarán una cierta “resistencia” a alguna de las armas.  Por ejemplo, los esqueletos andantes sucumbirán bajo la espada y sufrirán el efecto de las pociones, sin embargo las flechas no les harán mucho, como máximo se quedarán trabadas entre las costillas, mira tú qué cosa. Sin embargo los hechiceros poco podrán hacer contra las flechas, pero como pueden lanzar hechizos a distancia procurarán no acercarse mucho al jugador así que difícilmente podremos atacarles con la espada.

Añadiendo estas nuevas características el juego dejará de ser tan monótono puesto que habrá que cambiar de arma según el enemigo que nos esté atacando en cada momento.  Y también aparece, así, la necesidad de una cierta estrategia, porque pueden aparecer al mismo tiempo enemigos diferentes con diferentes resistencias y debilidades.

Ahora hay que aplicar estos cambios.

Como dije ayer, hoy empiezo algo nuevo.  Últimamente estoy dirigiendo un pequeño taller de títeres en Palencia, y se me ha ocurrido que, puesto que prácticamente todos los fines de semana hay actuación de títeres en el Parque del Buen Retiro de Madrid, podría hacer una crítica de las obras que pasan por aquí.

Las actuaciones del mes de Septiembre se realizan sábados y domingos a las 6:30 de la tarde, en el teatro de títeres permanente del Parque, uno de los escasos teatros permanentes que quedan en activo.  Este es al aire libre, con unas hermosas gradas que se llenan siempre, incluso en pleno invierno, así que recomiendo ir pronto para coger sitio.

La actuación de hoy ha sido “Ha Nacido Una Cervatilla”, del grupo La Mar de Marionetas, un grupo habitual de este escenario y que ya he podido disfrutar en más de una ocasión.  Una cosa que me gusta mucho de él es que huye de la literalidad, buscando metáforas visuales para representar la realidad.  De esta forma estimula la imaginación y enseña que no siempre las cosas son lo que parecen, y que el lenguaje no tiene por qué ser literal.

En cuanto a la obra que representaron hoy, se hizo “a la moda”;  es decir, teatro de mesa con cuentacuentos, que es algo que hacen muchos de los grupos que pasan últimamente por este teatro.  No digo que sea malo, pero mal llevado deja de ser teatro de títeres para convertirse en “cuentacuentos con objetos”, y eso no son títeres.  Afortunadamente no es el caso de La Mar de Marionetas ni de esta obra.

El cuentacuentos, que además manipula los muñecos a la vista de todos, apenas interfiere en la historia.  Mientras los muñecos están en escena, la manipuladora desaparece, y únicamente interviene en los cambios de escena, sirviendo de introducción de los nuevos elementos, explicando las metáforas visuales para que los más pequeños las entiendan y preparando la acción que se dará a continuación.


La protagonista, Bam, y su amigo, Bum.

La historia es una simplificación del conocido Bambi (la propia web del grupo lo confiesa), un viaje de descubrimientos, de crecimiento y de maduración, perfectamente adaptado a los más pequeños, que no se hace nada pesado para los padres, y que alterna momentos divertidos con otros melancólicos.  Todos quedan atrapados gracias a los muñecos, de diseño preciosista y tan adorables que al finalizar ningún niño (ni algún padre tampoco) pudo evitar acercarse a la titiritera para pedirle si podía ver a los ciervos de cerca, algo a lo que accedió sin poner pega alguna.

En conclusión, una bonita historia, divertida, tierna y educativa, con una buena puesta en escena, algo que resulta habitual con La Mar de Marionetas, que repetirán la obra los dos primeros fines de semana de diciembre, aunque antes nos presentarán La Hija de Shakespeare.

Mañana y el próximo fin de semana actuará Okarino Trapisonda, con la obra El Flautista de Hamelin.  Si no voy mañana, lo haré la próxima semana.

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