Y no, no me quejo de que mi vida sea rutinaria y haga siempre lo mismo, sino casi todo lo contrario.
El otro día estuve viendo Redes, dirigido por el admirado Albert Eduard Punset, en el cual hablando del cerebro mentaron la rutina. Resulta que la rutina favorece la productividad, fíjate tú. Llevo desde entonces dándole vueltas, y me he dado cuenta de que es verdad. Siempre me ando quejando de que no dibujo, no toco la guitarra, no escribo... no hago nada, y siempre digo que en Burgos sí lo hacía, lo cual es más o menos cierto. Pero el problema no fue venirme a Madrid, sino el perder la rutina.
No ceno dos días a la misma hora, ni me meto en la cama a la cama hacia una hora determinaada. Ni siquiera los fines de semana, que se supone que soy más libre, lo hago. Y últimamente menos, porque no hay forma de sincronizarse con mis compañeros de piso.
Ya he dejado caer lo de intentar seguir una cierta rutina en las comidas, como mínimo, pero tengo que hablar seriamente con ellos a ver si podemos hacer algo.
Ahora os dejo, que tengo que preparar unas doradas para cenar. Hoy cenaremos antes que ningún día.