Burdjia

La fauna de recreativos

19/1/2011 22:40 PM por Guillermo Martínez J. + 3 comentarios

Hace unos días, la web Pixfans publicó el artículo "La fauna que habitaba los salones recreativos", artículo que me ha hecho recordar mis tiempos de jugón. En él describe algunos arquetipos que frecuentaban esos locales, normalmente ruidosos y oscuros. Si queréis saber lo que se cocía ahí dentro, leéroslo. Aquí espero.

¿Ya? Perfecto. Pues resulta que leyéndo la descripción de lo que vienen a ser los "chunguitos" (nada que ver con el famoso trío musical), me ha venido a la memoria que, a pesar de que en mi querido Gamonal estos especímenes no escaseaban, apenas tuve problemas con ellos. Por lo que sé, la razón de que no me molestaran fue que me me hice con una reputación gracias a uno de esos impresentables.

Yo debía tener unos quince años, y por aquel entonces peinaba raya a un lado y vestía mis gafas de siempre y camisa. Total, que un chunguito se pensó que iba a poder conmigo, y se acercó con su nube de gorrones y apegados justo cuando comenzaba mi ritual partida de Street Fighter II (recuerdo que entonces estaba intentando pasármela con Chun-Li) para meterme caña: que si le doy un pito, que si le doy cinco duros, que si total iba a perderlos porque era un manta, que si Pascual... y yo negándome, aunque mi cerebro me decía que si no accedía tal vez perdiera algo más que cinco duros, pero como era joven e inconsciente (quiero decir aún más que ahora) no me hice caso.

El pavo se envalentonó por mi voz de pito, y metió mano al mando y los botones al grito de "Pues te jodo la partida", justo cuando a Zangief le dio por hacerle un 69 a Chun-Li; le aparté la mano con un brusco movimiento de brazo mientras los dos luchadores volaban por la pantalla en pleno éxtasis. El chunguito este se lo tomó mal y de un topetazo intentó tirar mis gafas al suelo.


Tal que así se encontraba la partida en ese momento...

El resto está borroso en mi mente, y no es una licencia poética sino una realidad ya que sin gafas lo veo todo borroso. La cosa es que antes de que la mano del bravucón se alejara lo suficiente, y aún con las gafas en caída libre, le agarré por la muñeca con una mano, aseguré las gafas en la otra y giré tres veces sobre mí mismo pasando su brazo sobre mi cabeza, retorciéndoselo hasta inmovilizarlo por la espalda. Que conste que me sorprendió más a mi mismo que a mi agresor, porque no me había peleado nunca (y después de eso, no he vuelto a hacerlo). Entonces le susurré al oído, con toda la bizarría que había acumulado, lo primero que se me ocurrió: "La próxima vez que me toques te arranco la poya". Tal cual. A mi alrededor se había formado un corrillo de, supongo porque no podía verlo, ojipláticas bocas abiertas. Finalmente le aparté de un empujón, me di la vuelta para enfrentarme a la recreativa, me ajusté las gafas y seguí con la partida como si no hubiera pasado nada, que el que Zangief quiera hacer la Caidita de Roma con Chun-Li y lo consiga tampoco es para tanto.

Mientras jugaba temí que mis riñones saborearan la fría hoja de una chirla, porque en Gamonal había (y hay) gente "mu loca", pero no, pude jugar mis autoimpuestas cuatro partiditas tranquilamente. Al salir pensé en que iba a encontrarme con la pandilla del chunguito en pleno o, peor aún, con su familia, pero lo cierto es que no lo volví a ver ni volví a tener problemas con otro chunguito en ninguno de los recreativos de la ciudad.

Palabra.

Categorías: Artículos, Videojuegos

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