Feed Rss, Atom Fecha Enero 2011, 3 entrada(s)

Nuestro amigo, el Hermano Bandrán, vuelve a la carga. En esta ocasión se limita a recomendar la web de la «Academia en Investigaciones Creacionistas» (el enlace está en el artículo original). Encontré esta web en la sección de referencias del artículo de la Wikipedia dedicado al creacionismo (y aprovecho la ocasión para recordar que nunca hay que quedarse con lo que dice la Wikipedia, sino que siempre hay que indagar en la bibliografía y las referencias). Esta «academia» es un buen ejemplo en cuanto a la defensa creacionista en general y cristiana en particular, por lo que casi seguro que volverá a aparecer en el futuro. En principio tenía la intención de comentar un único artículo, pero es que indagando en la misma he encontrado tal cantidad de despropósitos que creo que se merece un comentario general, de ahí que el Hermano Bandrán no se haya decidido todavía por ninguno.

Leyendo varios de los artículos que publican, por encima la mayoría pero alguno con detenimiento, creo que he encontrado el problema que parecen tiene los creacionistas que les impide aceptar la ciencia. En concreto creo que los creacionistas no terminan de entender en qué consiste el método científico. Aunque yo no soy un científico, voy a tratar de explicar uno de los aspectos característicos de este método y que parece ser el que comprenden menos, y que además utilizan frecuentemente para intentar desacreditar los avances de cualquier ciencia que no encajen en su entendimiento del Mundo.

En los textos defendiendo el creacionsimo pueden leerse frecuentemente expresiones como las que he resaltado del siguiente texto, extraído de uno de los artículos:

Basados en suposiciones previas, los antropólogos evolucionistas proponen ahora (siempre cambian conforme su suposición anterior fracasa, o se descubre como falsa), que los humanos evolucionaron de dos tipos de simios que ‘caminaron’ hace unos 50 millones de años. (...) [Artículo ¿Fósiles de transición?]

Un argumento repetido hasta la saciedad por los anti-científicos es que los científicos andan cambiando de parecer cada dos por tres, como si fueran veletas. Supongo que creen que cada vez que un científico publica una hipótesis o teoría, la teoría anterior es desechada por completo y tirada a la basura para ser sustituida por la nueva. Nada más lejano a la realidad. La práctica totalidad de los nuevos teoremas, hipótesis, fórmulas, etc. están basadas en trabajos anteriores, a los cuales completa o mejora, pero no por ello desecha, incluso aunque en algunas ocasiones parezca que es así.

Sir Isaac Newton escribió una vez: Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes. [Carta de Isaac Newton a Robert Hook, 1676.] Los gigantes a los que se refiere son los científicos e investigadores que le precedieron en los campos de la física, gigantes como Nicolás Copernico, Galileo Galilei y Johannes Keppler, entre otros, cuyos trabajos sirvieron de base al de Newton y los de este, a su vez sirvieron de base a otros como Max Plank y Albert Einstein, y los de estos sirven ahora a Stephen Hawking, Edward Witten y muchos otros. El trabajo de cada uno completa al del anterior, añadiendo nuevos datos y conceptos o corrigiendo y perfeccionando aquello que el anterior no terminó de concretar o en aquello en que estuviera errado, y sirven de base para el futuro. Para comprobar cómo funciona este proceso, recomiendo la lectura del libro A Hombros de Gigantes*, libro que recoge extractos de las obras de Copernico, Galileo, Keppler, Newton y Einstein, explicando el contexto histórico y científico en el que desarrollaron sus trabajos y cómo se vio influenciado por otros científicos y cómo influyen en trabajos actuales.

En el resto de las ramas científicas pasa exactamente igual, puesto que es una condición indispensable de la Ciencia. El caso de la evolución, a la que se hace referencia en el texto que he citado al inicio, no es una excepción. Charles Darwin, considerado el padre de la biología evolutiva, no saco sus teorías «de la nada», ni tampoco las obtuvo únicamente de sus propias observaciones, sino que se basó e inspiró en el trabajo de biólogos y naturalistas anteriores y contemporáneos. Es más, su teoría de la evolución no fue la primera sino otra más de una serie que se remonta a la Grecia Clásica o incluso de la antigua India, donde varios filósofos ya propusieron la posibilidad de que las especies animales y vegetales evolucionan a lo largo del tiempo. Y famosa es la teoría evolutiva del naturista frances Jean-Baptiste Lamarck, la cual se adelantó unos 50 años a la propuesta por Darwin.

Este es otro concepto que los creacionistas tampoco parecen comprender: ¿Cómo es posible que una teoría o hipótesis sea considerada como falsa y, aun así, servir para mejorar el conocimiento? La respuesta nos la da la sabiduría popular en forma de refrán: De los errores, se aprende, y eso hace la Ciencia: aprender de los errores.

Y ya termino. Creo que lo que he escrito es correcto, pero si hay algún error, no dudéis en hacérmelo saber.


*: A Hombros de Gigantes [The Illustrated On The Shoulders Of Giants], Crítica 2004, ISBN: 84-8432-568-7.

Categorías: Babilonia

¡Hoy es el gran día! Como ya dije, tenía pensado cambiar el estilo y el tema de La Caída de Babilonia, así que hoy publico el primer artículo: El Bestialismo es Ciencia, el cual ha sido escrito por el Hermano Bandrán (sí, como San Bandrán, el del "Fémur" ;)), que ya veréis cómo se las gasta.

Este artículo parte de unos comentarios escritos en una entrada del "Blog de Ciencia" de Yahoo! (el enlace a dicho artículo está en Babilonia). En primer lugar, dicho blog tiene poco de científico, porque se dedica a publicar chascarrillos, rumores y meteduras de pata. En cierto modo se dedica al amarillismo de la ciencia. Sin embargo el plato fuerte está en algunos comentarios del artículo, donde dos personas lo utilizan para apoyar sus creencias y hacer apología del creacionismo.

Poco más puedo comentar. A ver qué tal me sale este experimento.

Categorías: Babilonia
La fauna de recreativos + 3 comentarios

Hace unos días, la web Pixfans publicó el artículo "La fauna que habitaba los salones recreativos", artículo que me ha hecho recordar mis tiempos de jugón. En él describe algunos arquetipos que frecuentaban esos locales, normalmente ruidosos y oscuros. Si queréis saber lo que se cocía ahí dentro, leéroslo. Aquí espero.

¿Ya? Perfecto. Pues resulta que leyéndo la descripción de lo que vienen a ser los "chunguitos" (nada que ver con el famoso trío musical), me ha venido a la memoria que, a pesar de que en mi querido Gamonal estos especímenes no escaseaban, apenas tuve problemas con ellos. Por lo que sé, la razón de que no me molestaran fue que me me hice con una reputación gracias a uno de esos impresentables.

Yo debía tener unos quince años, y por aquel entonces peinaba raya a un lado y vestía mis gafas de siempre y camisa. Total, que un chunguito se pensó que iba a poder conmigo, y se acercó con su nube de gorrones y apegados justo cuando comenzaba mi ritual partida de Street Fighter II (recuerdo que entonces estaba intentando pasármela con Chun-Li) para meterme caña: que si le doy un pito, que si le doy cinco duros, que si total iba a perderlos porque era un manta, que si Pascual... y yo negándome, aunque mi cerebro me decía que si no accedía tal vez perdiera algo más que cinco duros, pero como era joven e inconsciente (quiero decir aún más que ahora) no me hice caso.

El pavo se envalentonó por mi voz de pito, y metió mano al mando y los botones al grito de "Pues te jodo la partida", justo cuando a Zangief le dio por hacerle un 69 a Chun-Li; le aparté la mano con un brusco movimiento de brazo mientras los dos luchadores volaban por la pantalla en pleno éxtasis. El chunguito este se lo tomó mal y de un topetazo intentó tirar mis gafas al suelo.


Tal que así se encontraba la partida en ese momento...

El resto está borroso en mi mente, y no es una licencia poética sino una realidad ya que sin gafas lo veo todo borroso. La cosa es que antes de que la mano del bravucón se alejara lo suficiente, y aún con las gafas en caída libre, le agarré por la muñeca con una mano, aseguré las gafas en la otra y giré tres veces sobre mí mismo pasando su brazo sobre mi cabeza, retorciéndoselo hasta inmovilizarlo por la espalda. Que conste que me sorprendió más a mi mismo que a mi agresor, porque no me había peleado nunca (y después de eso, no he vuelto a hacerlo). Entonces le susurré al oído, con toda la bizarría que había acumulado, lo primero que se me ocurrió: "La próxima vez que me toques te arranco la poya". Tal cual. A mi alrededor se había formado un corrillo de, supongo porque no podía verlo, ojipláticas bocas abiertas. Finalmente le aparté de un empujón, me di la vuelta para enfrentarme a la recreativa, me ajusté las gafas y seguí con la partida como si no hubiera pasado nada, que el que Zangief quiera hacer la Caidita de Roma con Chun-Li y lo consiga tampoco es para tanto.

Mientras jugaba temí que mis riñones saborearan la fría hoja de una chirla, porque en Gamonal había (y hay) gente "mu loca", pero no, pude jugar mis autoimpuestas cuatro partiditas tranquilamente. Al salir pensé en que iba a encontrarme con la pandilla del chunguito en pleno o, peor aún, con su familia, pero lo cierto es que no lo volví a ver ni volví a tener problemas con otro chunguito en ninguno de los recreativos de la ciudad.

Palabra.

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