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Me gusta el nuevo Coche Fantástico. Bueno, siendo sinceros me gusta más el viejo Pontiac Firebird que el nuevo Mustang. ¿Y quién no prefiere un estilizado deportivo frente a un ladrillo pintado de negro, eh?


Que se atreva alguien a decirme que el mustang es más bonito.

Lo de la serie es distinto. Por mucho que la nostalgia tire de mi, he de reconocer que la nueva serie es estupenda. He leído y oído a mucha gente quejarse porque no les gusta la nueva voz. Por mi parte la nueva personalidad de KITT me gusta más, ya que es más real, más robot, con menos humanidad, lo que hace que se sugieran multitud de escenas divertidas. Lo cierto es que los guionistas se lo están currando en este aspecto. Y este es uno de los detalles que los guionistas, aun teniendo en cuenta las fantasmadas típicas de una serie de ficción como esta, están siendo bastante creíbles. Y ojo, que digo creíble, no realista, lo cual es diferente como me explicó mi profesor de interpretación de la Escuela Municipal de Teatro.

Sin embargo esta credibilidad a veces salta por los aires, y es lo que pasó hace unos pocos capítulos. A mi me rechinó enormemente, puesto que soy informático, pero cualquiera que sepa cómo funciona Internet se habrá dado cuenta.

Resulta que la empresa propietaria de KITT está siendo desmantelada, por razones que se arrastran desde el primer capítulo por lo que no contaré aquí. El propio KITT es desconectado, pero antes de que lo hagan, el coche hace una copia de seguridad de sí mismo y la sube a Internet, a un servidor y dominio que él mismo ha creado, con la esperanza de que Michael Knight Jr. (sí: se llama igual que su predecesor ochentero) y sus colegas puedan recuperarlo. Es difícil pero entra dentro de lo posible, especialmente dentro de la premisa de la serie, por lo que nos lo podemos creer sin más. Los problemas aparecen cuando se descargan la copia de seguridad.

Resulta que en la descarga falta uno de los paquetes en los que se divide la copia de seguridad. ¿La razón? Que un chaval se lo ha descargado con su consola de videojuegos así que ya no está disponible. No, no he omitido nada. Al parecer, según los guionistas del nuevo Coche Fantástico, cuando te descargas un archivo de Internet este deja de existir, dado que te lo has descargado. A ver, por si alguien no lo sabe, los archivos que hay disponibles en Internet se encuentran en el disco duro de un ordenador conectado a la red. Cuando alguien se lo descarga lo que hace es conectar con ese ordenador, este lee el archivo (igual que nuestro ordenador lee los archivos de nuestro ordenador cuando lo marcamos con el cursor del ratón) y envía a nuestro ordenador la información leída, pero evidentemente el archivo sigue estando en el disco duro del otro ordenador, al igual que los archivos que hay en el nuestro no desaparecen cada vez que los cargamos con el editor de textos, de fotos o lo que sea. ¡Menuda papeleta si no fuera así!

Pero la cosa no termina aquí. Resulta que para poder recuperar dicho paquete hay que ir a casa del chaval que se lo ha descargado, lo cual es lógico, y acceder a su videoconsola, lo cual es evidente. Lo que ya escapa a mi compresión es que para obtener el archivo tiene que jugar a un juego y encontrar una esfera dentro del mismo, así, sin anestesia ni nada. A ver, lo único que tienen que hacer es poner una tarjeta de memoria al aparato y copiar el archivo desde el disco a la tarjeta utilizando el menú del mismo, lo cual no sólo entra dentro de lo creíble sino dentro de lo posible, ya que estos aparatos lo permiten para poder copiar cosas como las puntuaciones conseguidas en los juegos, o fotografías y vídeos. Pues no: tienen que jugar un juego... Incluso la película TRON tenía más lógica, sinceramente.

En fin, nadie es perfecto.

Categorías: Tecnología, Televisión

Me llamo Guillermo y soy teleadicto.

Va en serio. Ayer, por primera vez en mucho tiempo, me quedé dormido viendo la tele después de comer. Me despertó el gato a las nueve, quejándose de que ya iba siendo hora de darle de cenar. Total, que iba a hacer la colada y limpiar el cuarto de baño y no lo he hecho. Mal, Guillermo, así no.

He hecho examen de conciencia y me he dado cuenta de la cantidad de tiempo que pierdo frente la caja tonta. Mucho más que delante del ordenador (aparte que, a veces, con el ordenador hago cosas constructivas... más o menos).

Voy a intentar poner remedio. Hoy, Día sin Tele. Sólo con pensarlo ya me estoy sintiendo raro. A ver qué tal paso el mono.

Categorías: General, Televisión, Vida