Últimamente viajo poco en metro; es lo que tiene vivir a veinte minutos andando del trabajo. Por eso las pocas veces que lo utilizo intento

aprovecharlo.

La gente que viaja en metro suele pasar raudo junto a lo que le rodea, intentando que nada le perturbe.  Suelen aislarse con música y ensimismarse en lecturas.  Yo prefiero mirar a mi alrededor, y últimamente me da por virar al techo.  Esta idea empezó en Sol, una de cuyas salas de recepción hay un cubo metálico de grandes dimensiones colgando del techo.  En la estación de la Plaza de España, si subes por la larga escalera desde la línea 10, al final y en el techo nos esperan dos mosaicos.  En estaciones más modernas podemos observar en las alturas grandes murales de temas diversos:  anatomía, naturaleza, historia, el funcionamiento del metro...

Pequeños detalles que a veces pasan desapercibidos, pero que dan color a la vida.