Como dije ayer, hoy empiezo algo nuevo. Últimamente estoy dirigiendo un pequeño taller de títeres en Palencia, y se me ha ocurrido que, puesto que prácticamente todos los fines de semana hay actuación de títeres en el Parque del Buen Retiro de Madrid, podría hacer una crítica de las obras que pasan por aquí.
Las actuaciones del mes de Septiembre se realizan sábados y domingos a las 6:30 de la tarde, en el teatro de títeres permanente del Parque, uno de los escasos teatros permanentes que quedan en activo. Este es al aire libre, con unas hermosas gradas que se llenan siempre, incluso en pleno invierno, así que recomiendo ir pronto para coger sitio.
La actuación de hoy ha sido “Ha Nacido Una Cervatilla”, del grupo La Mar de Marionetas, un grupo habitual de este escenario y que ya he podido disfrutar en más de una ocasión. Una cosa que me gusta mucho de él es que huye de la literalidad, buscando metáforas visuales para representar la realidad. De esta forma estimula la imaginación y enseña que no siempre las cosas son lo que parecen, y que el lenguaje no tiene por qué ser literal.
En cuanto a la obra que representaron hoy, se hizo “a la moda”; es decir, teatro de mesa con cuentacuentos, que es algo que hacen muchos de los grupos que pasan últimamente por este teatro. No digo que sea malo, pero mal llevado deja de ser teatro de títeres para convertirse en “cuentacuentos con objetos”, y eso no son títeres. Afortunadamente no es el caso de La Mar de Marionetas ni de esta obra.
El cuentacuentos, que además manipula los muñecos a la vista de todos, apenas interfiere en la historia. Mientras los muñecos están en escena, la manipuladora desaparece, y únicamente interviene en los cambios de escena, sirviendo de introducción de los nuevos elementos, explicando las metáforas visuales para que los más pequeños las entiendan y preparando la acción que se dará a continuación.

La protagonista, Bam, y su amigo, Bum.
La historia es una simplificación del conocido Bambi (la propia web del grupo lo confiesa), un viaje de descubrimientos, de crecimiento y de maduración, perfectamente adaptado a los más pequeños, que no se hace nada pesado para los padres, y que alterna momentos divertidos con otros melancólicos. Todos quedan atrapados gracias a los muñecos, de diseño preciosista y tan adorables que al finalizar ningún niño (ni algún padre tampoco) pudo evitar acercarse a la titiritera para pedirle si podía ver a los ciervos de cerca, algo a lo que accedió sin poner pega alguna.
En conclusión, una bonita historia, divertida, tierna y educativa, con una buena puesta en escena, algo que resulta habitual con La Mar de Marionetas, que repetirán la obra los dos primeros fines de semana de diciembre, aunque antes nos presentarán La Hija de Shakespeare.
Mañana y el próximo fin de semana actuará Okarino Trapisonda, con la obra El Flautista de Hamelin. Si no voy mañana, lo haré la próxima semana.