Ya está firmado. Bueno, firmada mi parte, que queda la del dueño, pero ya tengo las llaves y puedo ir cuando me venga en gana. Ya no recuerdo cómo es una mudanza, y eso que experiencia no me falta cuando los dos primeros años que he vivido en Madrid he tenido una cadencia de un piso cada dos meses, poco más o menos. En este último llevo ya dos años, pero no creáis que le tengo mucho cariño.
El nuevo piso está sólo a quinientos metros, por lo que no tengo que aprenderme otra vez dónde están los lupanares comercios y todavía puedo ir al curro andando. Además, es muchísimo más luminoso. En el piso viejo sólamente es de día de once a dos (de doce a una en invierno), y quita las ganas de hacer cosas que es un primor. Juan, con quien he compartido un par de campos de trabajo o más, dice que eso da lo mismo. Pues chico, cuando me levanto por las mañanas y veo que por la ventana entra la misma luz que cuando me acosté, mi cerebro dice "sigue durmiendo", pero cuando entra un chorro de luz es como si tuviera placas solares o algo así, que me entran ganas de comerme el Mundo.
En cuanto a la mudanza en sí, me estoy mentalizando. Como siempre, desaparecerán cosas importantísimas y encontraré otras que dejé de buscar por imposibles hace meses o, diréctamente, ni recordaré que las tenía.
En fin, los que quieran saber mi nueva dirección, que la pidan y se la paso (No, Mr. Mwgongo, aunque usted no sepa qué hacer con los chorrocientos minolles de l€uros de su banco que nadie reclama desde hace años, no pienso dársela, así que no insista). Y si van a visitarme, avisen antes para me de tiempo a deshinchar la muñeca, que si no no tendremos sitio en la cama.